SECUNDINO BOUZAS BAO
AVENIDA DE LOS BOSQUES 10-3ºB
15142 ARTEIXO-A CORUÑA

SR D. JOSÉ LUIS RODRIGUEZ ZAPATERO

Estimado Sr. Zapatero:

No sé si está en su mano ayudarme, pero ya no sé a quién acudir y le agradecería de todo corazón que estudiara este caso y que me apoyara en la búsqueda de Justicia, que hasta ahora no he conseguido obtener.

He sido condenado por la Audiencia Provincial de la Coruña en el P.A. 33/97 Ribeira-1, rollo 675/98, como autor de dos robos con intimidación perpetrados en la parroquia de Aguiño (Ribeira) provincia de La Coruña a penas de dos años y cuatro meses por el primero y tres años, seis meses y un día por el segundo, y me encuentro actualmente y desde el día ocho de mayo de 2002, cumpliendo condena en la prisión provincial de Teixeiro-La Coruña. Tras pasar un mes en prisión, se acuerda por unanimidad de la Junta de Tratamiento, mi clasificación en Tercer Grado, que es aprobado por la Dirección General de Instituciones Penitenciarias en agosto de 2002, fecha en la que paso del régimen ordinario a régimen abierto, teniendo que pernoctar en prisión de lunes a jueves. En marzo de 2003, me es concedido el sistema de control telemático, con lo que puedo pasar la noche en mi domicilio, y es la situación en que continúo hasta la fecha, con la obligación de realizar presentaciones semanales en prisión.

La única prueba en que basaron la sentencia fue el reconocimiento por parte de dos testigos de uno de los atracos en fotografías, rueda de reconocimiento y posteriormente en el juicio oral.

Todo comenzó el 20 de abril de 1992, cuando dos individuos que ocultaban parcialmente sus rostros entraron en la sucursal del Banco Central Hispano de esta localidad y armados con pistolas o revólveres, realizaron el robo huyendo posteriormente en el coche del interventor. Durante este primer atraco llegaron a ser trece las personas retenidas en el interior de la oficina y testigos de los hechos. De estas personas comparecieron tres en el proceso y de los demás no se conoce su identidad. De estos tres testigos, es el interventor el que me identifica (erróneamente) como uno de los atracadores.

Dos años después, concretamente el 18 de agosto de 1994, de nuevo dos individuos, esta vez a cara descubierta, atracan de nuevo esta sucursal en la que se encuentran como únicos testigos el director y el interventor, ya que ocurrió pasadas las dos de la tarde. En el transcurso del robo, uno de los individuos preguntó al interventor por el coche sustraído en la anterior ocasión y este hecho, junto con las coincidencias en las descripciones físicas y “modus operandi”, hace que conecten ambos robos. La policía había obtenido mi fotografía por un percance ocurrido en La Coruña, ciudad de la que soy natural, concretamente por una falta de imprudencia con vehículo a motor que se saldó con una multa de 25.000 ptas. Estos testigos, tras consultar diversos albumes de fotografías de los archivos de la policía de Ribeira y La Coruña, me identifican (erróneamente insisto) “sin género de dudas” como uno de los autores del atraco.

En febrero de 1995, se me informa de que se me acusa de estos atracos y se me toma declaración. Hasta aquí, mi reacción es de sorpresa, incredulidad y total despreocupación, con la tranquilidad que tendría cualquiera que se sabe inocente y con la seguridad de que todo sería un error burocrático sin importancia y que por supuesto, no había nada que pudiera relacionarme con estos robos ocurridos en un lugar que ni siquiera conocía. Este tema se olvidó y no volví a tener noticias del tema hasta pasados casi dos años.

A finales de septiembre de 1996, habiendo transcurrido mas de dos años del último atraco, se presenta la policía judicial en el antiguo domicilio que tenía (casualmente frente al edificio de los Juzgados y Audiencia y donde llevaba más de ocho años residiendo) en un momento en que me encontraba ausente y dejan un número de contacto, poco después acudo a comisaría voluntariamente para ver de que se trataba y me quedo helado cuando me comunican que era aquel asunto de Ribeira. Inmediatamente me ingresan en prisión incomunicada durante tres días y me someten después a un reconocimiento en rueda, junto con cuatro funcionarios del juzgado, que ni por asomo coincidían con mis características físicas y en el lamentable estado psicológico y físico que tenía tras pasar esos tres días en prisión desaseado, durmiendo vestido…Aún así ansioso de que se practicara esta prueba, ya que estaba seguro de que en la rueda se aclararía este lamentable error. No fue así, ambos me reconocieron de nuevo “sin género de dudas”.

Pasaron unos tres años desde la rueda de reconocimiento hasta el juicio y entre tanto, ya bastante más preocupado, aunque sin imaginarme en ningún momento que esto llegaría tan lejos, presenté nóminas, contrato y el testimonio de compañeros de trabajo, ya que en la época de los atracos me encontraba trabajado en una empresa de distribución de La Coruña, haciendo el reparto en la zona de Ferrol, As Pontes, Mellid, Ortigueira y otros pueblos de la provincia. Las rutas eran fijas y coincide que el día del primer atraco (lunes) me encontraba en la ruta de Ortigueira, que se encuentra en el otro extremo de la provincia y a más de 200 kms. de la zona donde se cometieron los robos, tal y como declaró por escrito el dueño de la empresa.

Siempre tuve la confianza de que se encontrarían huellas dactilares o alguna otra prueba en el transcurso de la instrucción o que investigarían para encontrar al otro atracador por el que nunca me preguntaron, y sobre todo, estaba seguro de que en el juicio, cuando los testigos me vieran con mi aspecto normal, se darían cuenta del grave error que estaban cometiendo.

Mi mujer y yo, pasamos horas en la hemeroteca por si alguna noticia de esos días nos ayudaba a recordar donde estaba el día de los atracos, si me habían puesto alguna multa, si había realizado alguna operación bancaria…, algo que me exculpara de manera definitiva, cuando encontramos noticias de atracos que se venían produciendo en la zona, con el mismo modus operandi, se lo comunicamos a nuestro abogado y obtuvimos la identidad de dos individuos, que también coincidían con las descripciones físicas que daban los testigos de los atracadores y en una multitud de detalles que encajan perfectamente con los atracos por los que me condenaron.

Se pidió tanto en instrucción como en el acto del juicio, que se iniciara una investigación para esclarecer la posible autoría de estos dos individuos y que fueran sometidos a un reconocimiento en rueda con esos dos testigos. En instrucción, se practicó parcialmente esta petición, y en el acto del juicio, se aceptó como pertinente ese reconocimiento en rueda pero no se practico, y nuestro abogado no formuló protesta alguna.

Se recurrió en casación y el recurso fue desestimado porque. En los mismos términos resolvió el Tribunal Constitucional.

Tras ser admitido a trámite el Recurso de Casación, fue desestimado por “negligencia del recurrente”, y en los mismos términos se pronunció el Tribunal Constitucional, tras interponer un recurso de amparo, última esperanza que teníamos, ya que recurrir al Tribunal Internacional de Derechos Humanos de Estrasburgo, lo vimos algo totalmente inalcanzable. Nuestro abogado, sin experiencia en derecho penal, nos “cerró todas las puertas” omitiendo una serie de formalismos.

Tuvimos una defensa muy mala y cuando esto se aclare, estamos estudiando presentar una queja contra este abogado porque consideramos que ha incurrido en graves negligencias, tal como se adelantó en casación y en el recurso de amparo.

En la sentencia, comienza citando una serie de antecedentes penales, que en mi modesta opinión, son la causa principal que llevó a los magistrados de la Audiencia a condenarme, a pesar de ser causas de hace entre veinte y veintitrés años fruto de gamberradas de adolescente cuya mayor consecuencia fue una multa, y a pesar de que se encuentran cancelados.

Me parece triste y lamentable tener que pagar a estas alturas y de una forma tan drástica e injusta las consecuencias de una etapa juvenil de la que le aseguro que me avergüenzo y de la que afortunadamente huí rápidamente, pero estoy convencido de que esto es así.

Soy un honrado trabajador y padre de tres hijos, y ni yo ni mi familia nos merecemos esto.

Todo esto ha salido en diversos medios de comunicación, en el ámbito autonómico y nacional. Nuestros amigos y vecinos organizaron una campaña de recogida de firmas donde se solicitaba el indulto, la revisión extraordinaria del proceso y mi clasificación inicial en tercer grado penitenciario. El Excmo. Ayuntamiento de Arteixo, donde actualmente resido, ha solicitado el indulto en acuerdo unánime de la comisión de gobierno, en reconocimiento a mi completa integración en la sociedad y el tiempo transcurrido desde los hechos, además se han recogido en menos de un mes, cerca de 6.000 firmas entre nuestros conciudadanos, que se han presentado en la Audiencia Provincial de A Coruña junto con esta solicitud. Afortunadamente, recibimos un gran apoyo de la sociedad y de los medios de comunicación.

Por otro lado, tuvimos contratado un detective privado para ver si pudiera encontrar alguna prueba nueva que pueda exculparme, pero la investigación no ha dado sus frutos por la dificultad que supone dado el tiempo transcurrido.

Los cerca de tres meses que pasé en prisión, en régimen ordinario, fue la experiencia más amarga de mi vida, incluso teniendo en cuenta que el trato recibido, tanto por el personal como por otros internos, fue muy correcto. Allí, algunos internos oriundos de la zona donde ocurrieron los robos, especulaban con quienes pudieron ser los autores de éstos, pero con gran recelo a la hora de involucrarse lo más mínimo, con lo que no obtuve ninguna respuesta.

Al poco tiempo de salir en Tercer Grado, mi mujer y yo continuamos investigando dentro de nuestras limitadas posibilidades, visitamos la zona de Aguiño, hablamos con los vecinos y con la Policía de Ribeira y colocamos carteles pidiendo colaboración. Poco tiempo después, recibo una llamada en mi domicilio del interventor del banco, que fue uno de los testigos que me acusaron, para ver si podía ayudarnos en algo. Hablamos durante mas de dos horas por teléfono, y los datos que me dio, no coincidían, en absoluto, con lo que rezaba en el sumario; cabe destacar, que según el sumario, se produce una primera identificación fotográfica por parte de ambos testigos en octubre de 1994, dos meses después del segundo atraco, cuando, según el interventor, dicha identificación no se hace hasta transcurrido al menos año y medio de dicho atraco por su parte, y quince días después por parte del otro testigo. Al preguntarle como es posible que, transcurrido tanto tiempo, fuera capaz de realizar una identificación con tanta precisión, y sin género de dudas, me responde que él vio a la policía muy convencida, pensando que tendría otras pruebas y que además era muy grande mi parecido con el atracador. Según él, la policía le mostró durante mucho tiempo, “montones” de fotografías donde no fue capaz de identificar a nadie, y cuando le mostraron la mía, junto con otras tres, le dijeron que sabían a ciencia cierta, que uno de los atracadores estaba en esas cuatro fotografías y que debía indicarla. La explicación que nos dio la Policía de Ribeira con respecto a la razón de que fuera mostrada mi fotografía, cuando yo jamás había tenido nada que ver con atracos ni delitos similares, fue que “eso era cosa de la Policía de La Coruña, a la que habían pedido colaboración”. Al preguntar lo mismo a la Policía de La Coruña, nos responden que presentaron mi fotografía, porque respondía a las características físicas de uno de los atracadores descritas por los testigos.

No quise presionar al testigo por miedo a que se desvaneciera esa pequeña luz de esperanza, y no me he puesto en contacto con el de nuevo, a pesar de que me facilitó todos sus datos, incluso su número de teléfono móvil particular, y fui a contarle al Presidente de la Audiencia, que fue uno de los magistrados que dictaron la sentencia, lo que me había dicho este hombre. Hablamos durante largo rato, me comento casos que conocía de reconocimientos erróneos por parte de testigos, pero que era muy difícil iniciar un Recurso Extraordinario de Revisión sin una prueba más contundente. En ningún momento llegó a reconocer explícitamente que mi caso podía tratarse de un error judicial, pero si que no descartaba que todo partiera de un cúmulo de despropósitos desde su inicio, me animó a seguir investigando y me dijo que las puertas de su despacho estaban abiertas, a la vez que ofreció su colaboración en el caso de averiguar algo más. También comentó que recordaba muy bien el juicio a pesar de que había transcurrido casi cuatro años, porque tanto a él como a los otros magistrados les chocó muchísimo que los dos testigos se mostraran tan firmes al identificarme en la sala, cuando habían transcurrido más de cinco años del ultimo atraco y siete del primero.

Una vez averiguamos la identidad de los individuos que habíamos visto en los recortes de prensa de la hemeroteca, supimos que se encontraban en prisión por delitos similares, y les escribí una carta desde prisión instándolos a que si habían sido ellos, lo confesaran, o en caso contrario, preguntarles si sabían quien pudo cometer los atracos. No obtuve respuesta. Me puse en contacto con su familia, rogándoles colaboración, y tampoco obtuve nada.

Posteriormente, y como sabía que estas personas no estaban en los archivos de la Policía, y sí de la Guardia Civil, le pedí colaboración a La propia Guardia Civil de La Coruña, y me presenté ante inspectores de Delitos contra el Patrimonio, con mi historia y el sumario de la causa. Tras una breve investigación extraoficial, llegaron al total convencimiento de quien era uno de los auténticos autores de los atracos, no pudiendo precisar quien podría ser el otro, ya que este individuo no actuaba siempre con el mismo “compañero”, y dado el tiempo transcurrido era muy difícil de precisar. Cuando nos mostraron la fotografía de este individuo, a mi mujer y a mí, nos sorprendimos enormemente frente al extraordinario parecido que tenía conmigo. Todo encajaba por fin, pero la Guardia Civil ha tomado ninguna iniciativa al respecto, ya que dicen que es un caso cerrado y que además en su día fue competencia de la Policía Nacional. Creo que el hecho de que me encuentro “prácticamente” en libertad, y sobre todo a ojos de los demás, la gente no se involucra directamente en el caso, pero lo que mi familia y yo estamos viviendo, le aseguro que es muy difícil de imaginar. Todavía no he hablado de esto con nadie, por una parte porque no quisiera comprometer a la gente que me ha ayudado, pero por otra parte, me encuentro en un callejón sin salida, y ni siquiera me he planteado la posibilidad de tener que vivir con esto el resto de mi vida. Es por ello por lo que solicito su ayuda.

Podría contarle infinidad de cosa, pero éste es el resumen más breve que he podido hacerle de todos estos años de pesadilla interminable, impotencia e incertidumbre que no nos deja vivir y que no se puede describir con palabras

Volviendo al tema del indulto, me costó muchísimo firmar la solicitud, si lo hice fue ante la insistencia de mi mujer y demás familia, y prefería ir a prisión a que me “perdonen” por algo que no he hecho. La sala segunda del Tribunal Supremo a petición del Fiscal, también solicitó el indulto y tanto la Audiencia Provincial, como la Fiscalía, lo informaron favorablemente en julio de 2002. Actualmente está a la espera de ser resuelto por el consejo de ministros.

Le ruego que estudie este tema para ver si se puede encontrar alguna solución adecuada y aunque tengo presente la independencia del poder judicial a cuyas más altas instituciones ya me he dirigido, le pido que si no puede hacer nada, por lo menos que nos apoye en el tema del indulto, que aunque, no es lo que realmente buscamos, sino que queremos la verdad y que se haga justicia, por un lado, sería un gran alivio y me permitiría seguir luchando por demostrar mi inocencia con mayor fluidez.

Si necesita cualquier aclaración, o si quiere que le haga llegar el sumario completo, no dude en ponerse en contacto conmigo.

Reciba un cordial saludo y mi agradecimiento.

Secundino Bouzas Bao.