AXIOMAS, HIPÓTESIS Y MITOS EN EL CASO ALCÁCER
por José Monzó - jmonzo@cyberdrac.com


Hace algún tiempo que observo vuestro esforzado trabajo de comunicación e investigación y me da la sensación de que estamos en el mismo punto que hace tres años. Por aquél entonces, en el verano de 1997, como tantos valencianos, seguí con mucho interés la información, tertulias y el famoso juicio de Alcácer. Por entonces incluso me atreví a escribir algún artículo en prensa que no llegó a publicarse por razones de oportunidad, e incluso me atreví a realizar un "análisis de probabilidades" sobre algunas cuestiones relacionadas con el caso que llegue a enviar a D. Fernando García. Pasados estos años sigo pensando que hay aspectos poco claros, si bien la condena a Miquel Ricart ya es firme. Por mi parte mantengo el mismo escepticismo que por entonces, pues creo que hay más hipótesis que demostraciones, tanto en un lado como en otro. No sé si os será útil en vuestra investigación pero como parecéis buena gente os envío el artículo que escribí entonces y que he modificado mínimamente para adaptarlo a la situación actual. Más adelante os enviaré el "análisis de probabilidades" comentado. Espero vuestras noticias.


Con la debida prudencia y respeto hacia los padres de las víctimas y hacia las personas que han investigado el llamado caso Alcácer en profundidad, tengo que manifestar una cierta sensación de perplejidad (compartida con muchos ciudadanos) de que a estas alturas y después de más de cuatro años de investigación, de un juicio de gran duración y de una sentencia condenatoria, todavía existan más hipótesis que buenas explicaciones.

"Es la teoría la que determina lo que podemos observar", decía Albert Einstein. Traigo a colación esta frase del genial premio Nobel porque puede explicar en parte lo que está pasando. En general, cuando se trata de investigar en condiciones límite y especialmente cuando el investigador es sometido a la urgencia por explicar lo ocurrido, éste tiende a aplicar algunos axiomas (que se admiten sin demostración) y a formular una primera hipótesis (que después tendrá que demostrar) que sirvan para "guiar" la avalancha de datos que se le viene encima, en lugar de explorar y organizar los hechos para que surjan hipótesis (como seguramente hace en la soledad de su laboratorio), es decir, cae irremediablemente en el "síndrome" al que hacía referencia Einstein: observar selectivamente aquellos hechos que puedan encajar con su hipótesis y despreciar los demás por irrelevantes.

A partir de ese punto se inicia un camino de no retorno en el que el investigador limitará su libertad para observar y dedicará sus esfuerzos a verificar su hipótesis, hasta su desarrollo en teoría mediante la oportuna sistematización de las conexiones causales. Llegado ese punto el investigador rechazará cualquier hecho nuevo que no pueda explicar o que no esté en la "onda" de su hipótesis, ahora ya "congelada" en teoría, que actuará a modo de "lente convergente" para interpretar la realidad (lo convergente interesa, lo divergente no). De alguna manera será la teoría la que le marque la "agenda" de su trabajo de investigación. Este fenómeno no es nuevo ni supone ninguna crítica a esa manera de investigar bajo las circunstancias mencionadas. Es más, es legítimo hacerlo así cuando no podemos experimentar directamente con el objeto de estudio, por ejemplo en cosmología y en muchas ocasiones también en criminología. Pero hay que reconocer su limitación intrínseca: su reducido campo de aplicación (no pueden explicarlo todo).

En el caso Alcácer nos encontramos con cierto paralelismo: al no saber con certeza lo sucedido desde que desaparecieron las adolescentes hasta que fueron descubiertas, no queda más remedio que imaginar hipótesis con los pocos datos que disponemos. Imaginar no es malo. Incluso en las llamadas "ciencias duras" es necesaria la imaginación cuando el conocimiento científico convencional es incapaz de dar respuestas satisfactorias. Einstein afirmaba que llegó a su famosa teoría de la relatividad imaginando que viajaba por el espacio sentado en un haz de luz. Aunque la hipótesis sea descabellada no importa, lo que importa es que sea fértil, sugiera buenas preguntas y agudice nuestra capacidad de observación. Eso sí, más tarde habrá que demostrar su validez mediante el contraste con los hechos (lo que Karl Popper llamaba "falsación"). Lo que se gana: economía de esfuerzos y seguridad si la hipótesis se valida. Lo que se pierde: si el investigador cree que ha llegado a "alguna parte" se reduce su curiosidad, pues cuando alguien llega a una conclusión sobre algo deja de observar nuevos datos que podrían refutar su hallazgo.

Después, con el paso del tiempo, si aparecen hechos inexplicables, algunos "arrinconados" por el investigador, otros nuevos, se puede formular otra hipótesis más global que no sólo explique los hechos que la primera hipótesis explicaba (y explicaba bien), sino que además explique otros hechos que la misma hipótesis no explicaba (o explicaba mal). Este proceso se conoce en filosofía de la ciencia como la emergencia de un nuevo "paradigma", concepto fértil que puso en boga hace tiempo el historiador Thomas Khun en su muy citada (y poco leída) obra "Estructura de las revoluciones científicas".

En el caso Alcácer y por lo que conozco a través de los medios de comunicación, es obvio que existen al menos dos versiones o hipótesis: la "oficial" (en adelante VO) que se deduce del sumario y la "alternativa" (en adelante VA) del equipo de Fernando García. Para la VO, Antonio Anglés y Miquel Ricart son los únicos culpables (aunque parece que no hay pruebas biológicas). La VA, no descarta la posible participación de Anglés y Ricart (aunque a veces niegan su implicación), pero si cuestiona que sean los "únicos" implicados en el triple crimen. No estoy en disposición de conocer quien lleva razón pero, en mi opinión, ambas versiones han llegado a tal punto de "congelación" que ya no admiten otras observaciones o posibilidades.

En efecto, la "agenda" de los defensores de la VO se enfoca hacia aquellos hechos que la refuerzan: las confesiones de Ricart y la "supuesta" ausencia de coartada de éste, la fuga de Anglés, la situación de la fosa y los objetos encontrados (el "papel" de Enrique Anglés de donde arranca todo), etc. Los defensores de la VA desplazan su atención a otros: la "supuesta" coacción a Ricart para que se auto-inculpe, la extraña presencia de objetos (¿para implicarles?, ¿dejados por quién?), los pelos encontrados por el profesor Frontela, la "presunta" falta de rigor en el levantamiento de cadáveres, etc. Simétricamente, como ambas hipótesis no logran encajar los hechos que defiende la hipótesis contraria se niega su relevancia. Ciertamente esta disparidad sobre los mismos hechos observados recuerda la película "Rashomon" de Akira Kurosawa.

En mi opinión el problema de fondo es que tal vez presionadas por los medios de comunicación, VO y VA aspiran a ser "omnicomprensivas" es decir, quieren explicar todo lo sucedido. Esto es complicado porque alcanzada su máxima "capacidad explicativa", VO y VA tienen que "estirarse como un chicle" para dar explicaciones de hechos para lo que no están preparadas (como demostró Einstein con la teoría de Newton). Por ejemplo y a modo de test para VO y VA: ¿cómo explican que los asesinos se tomaran la molestia de dejar una moqueta en el interior de la fosa si se supone que las adolescentes fueron asesinadas allí?. O por ejemplo: ¿Anglés y Ricart son los "verdaderos" culpables, o son los "perfectos" culpables? (la pregunta es muy sutil). O también: si Ricart es inocente, ¿por que no ha dado muestras de rebelión o indignación, por ejemplo haciendo huelga de hambre?. Igualmente, es conveniente que ambas hipótesis revisen sus axiomas, porque dada su naturaleza (evidente, sin demostración) puede esconder algún error. Por ejemplo: La manera de interpretar la fuga de Antonio Anglés. Parece evidente que toda fuga es una demostración de culpabilidad del fugitivo. Es un axioma. Pero, si aplicamos los criterios de "falsación" de Popper, observaremos la inconsistencia del axioma, pues es suficiente que un inocente se haya fugado una vez para demostrar su falsedad y, además, la "carga de la prueba" no corresponde al fugado, pues como todo el mundo sabe: "todo ciudadano es inocente mientras no se demuestre lo contrario".

Con toda probabilidad VO y VA tendrán una respuesta a cada una de las preguntas anteriores y a muchas más. Respuestas seguramente divergentes, pues mientras no aparezca la prueba o el testigo definitivo que explique todo lo sucedido, VO y VA profundizarán su divergencia y con el tiempo es posible que se conviertan en sistemas de creencias, en "mitos", como dice el antropólogo Bertrand Méheust: "la ausencia de buenas explicaciones genera mitos, mitos de los que no siempre somos conscientes, pues, así como controlamos bastante bien las mitologías que nos son ajenas, somos especialmente ciegos de cara a nuestras propias producciones míticas". Pienso que una investigación honesta del caso implica partir de un reconocimiento de los "límites epistemológicos" de cada hipótesis, es decir, una aceptación de lo que explican bien y lo que explican mal. Y desde ahí reconstruir una hipótesis con bases firmes. Requisitos: ver los hechos con ojos nuevos y espíritu de cooperación aunque el momento ya no es el más indicado para colaborar. Ese tiempo pasó, pero existe otro sumario (el llamado sumario B) donde todavía es posible la colaboración constructiva entre las partes. Queda pues la esperanza de que en esa investigación se superen las "limitaciones epistemológicas" que han ocasionado algunos axiomas, hipótesis y mitos y se pueda conocer toda la verdad del caso Alcácer.

 

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