CARTA ABIERTA A JOAN M. OLEAQUE
por AnglésManiaco


Hoy se cumplen 15 años de la desaparición de Miriam, Toñi y Desirée. Nos encontramos, pues, ante una fecha señalada. Lógicamente, se han podido leer y escuchar a lo largo del día diversas informaciones haciendo mención a Alcàsser. Nunca me gustó que a los sucesos se les preste mayor atención en sus aniversarios, sobre todo cuando dichos casos están sin resolver, ya que el tiempo transcurre en nuestra contra. Contemplar la monótona sucesión de los días, esperando cómodamente a que aparezcan en escena los aniversarios para poder gastar tinta, no deja de ser en definitiva un cúmulo de ocasiones malgastadas, un guiño para que el caso Alcàsser prescriba y se cierre a cal y canto.

A día de hoy, el presunto autor material de los hechos, el verdadero protagonista del horror que padecieron las tres muchachas, sigue en paradero desconocido. Su búsqueda, pues, ha sido un fracaso. Pero este hecho en particular simplemente es la punta de una pirámide compuesta por multitud de irregularidades, errores, lagunas y demás asuntos turbios que, ahora, no vamos a pormenorizar pues ya tenéis la mayoría a vuestra disposición gracias a Internet.

Sí, Internet, la red de redes, ese medio tan siniestro y oscuro para el señor Joan Maria Oleaque. Un valenciano, catarrojense, que ejerce tristemente la profesión de periodista. Lo podíamos empezar a leer allá por el año 93, cuando cubría el caso para el semanario El Temps. No se quedó estancado y también empezó a colaborar con el diario El País. Su éxtasis personal llegó, casualidades de la vida, cuando se cumplió el décimo aniversario de la muerte de las niñas, momento en el cual lanzó al mercado su, nuevamente casual, primer libro. Cinco años después de esa cifra redonda, con el calendario escupiendo 15 años exactos separados de la desgracia, Oleaque otra vez vuelve a juntar letras. Y lo hace siendo fiel a su estilo redondo, oportunista y, ante todo, servil.

Desde lo más profundo, qué pena siento. Qué lástima que se tenga que nombrar a estas muchachas, en pleno aniversario, para desprestigiar a terceros que no casan con las opiniones propias. Todavía espero algún aniversario respetuoso, a modo de homenaje a estas tres víctimas inocentes, sin jugar al gato y al ratón. Es lamentable que se reflote el caso Alcàsser para criticar la denuncia pública que se hace en Internet, volver a cargar contra Fernando García y contra todo aquel que en algún momento cuestionó la labor en torno a este caso.

El 'caso Alcàsser' se hace eterno en la Red (Artículo de Joan M. Oleaque en diario El País - 11/11/2007)

No es la primera vez que embiste hacia los colectivos de El Palleter y Viriato. Este hombre desde un principio ha defendido ciegamente la culpabilidad de Anglés y Ricart como únicos autores de los raptos, las torturas, las violaciones, los asesinatos y las inhumaciones de los tres cadáveres. Una obra orquestada por dos hijos de la calle, del asfalto. Dos delincuentes comunes de cuya vida intenta hacer una torpe aproximación en la primera parte de su libro. Joan Maria nos dibuja sus circunstancias, el tipo de vida que conocen desde la infancia y cómo poco a poco acabaron formando una extraña asociación. Todo ello, aderezado de entremedias, con brevísimos pasajes contando cómo ocurrieron las cosas desde que el Corsa recogió a las niñas hasta que éstas abandonaron el mundo.

Y es que Oleaque, en labores de maquillaje, sabe cómo moverse. El problema llega cuando limpias, “desmaquillas”, y ves realmente lo que hay debajo. Se llega a la fácil conclusión de que no cuenta nada, no argumenta ni refuerza idea alguna. Y, lo que es peor, no se sustenta en nada lógico y probable. Recoge el relato de Ricart, dividiéndolo en episodios (pero pasando de puntillas sobre situaciones que no cuadran y evitando cualquier tipo de conflicto o duda sobre el lector) a medida que nos cuenta la vida y obra del dúo. Según él, porque era importante de cara a tener un perfil verdadero y sincero sobre los criminales. Lástima que no ponga tanto esmero en analizar el crimen a fondo, en plantear una reconstrucción seria de los hechos, en tener la suficiente paciencia y fuerza de voluntad para coger el sumario por los cuernos y realizar un fatigado trabajo de éste, en poner sobre la mesa una base científica, en estudiar el tipo de torturas a los que fueron sometidos los cuerpos, y, en definitiva, a constituir unas BASES SÓLIDAS con las que poder empezar a trabajar la elaboración de un libro. Si luego éste viene acompañado de entrevistas al entorno de Anglés y Ricart, de cierto “perfil biográfico”, mejor que mejor. Pero no podemos empezar a construir la casa por el tejado, Joan Maria, y urdir todo el entramado en base a “maquillaje” y “concienciación” del lector.

Pero las labores narrativas de este hombre van más allá. En su novela (esa es la palabra), ya en un tono más periodístico y menos “imaginativo”, dedica la segunda parte del libro a desprestigiar sutilmente a todos aquellos que cuestionan el crimen tal y como se nos ha contado oficialmente. Vuelca parte de la culpa a los medios de comunicación, otra porción a un padre coraje que poco a poco fue perdiendo crédito cometiendo una cadena de errores fatales, a un periodista-criminólogo con claro espíritu conspiracionista que ve fantasmas donde hay sábanas viejas, y a la propia gente que se dejó influir por una bola de nieve de noticias que crecía y crecía pero que poca verdad real contenía.

Sumando las dos partes tenemos una obra no incompleta, sino irreal. La lucha desesperada por defender a ultranza y ciegamente una versión que cae por su propio peso, y de la que no cuestiona ni un ápice. Oleaque critica que, desde Internet, se alcen voces que aprovechan el anonimato para sacar a la luz lo que él cree que son fantasías surrealistas. Joan Maria, sí que es cierto que muchos de los que aquí “convivimos” tenemos nuestra propia hipótesis de lo ocurrido, pero no deja de ser eso, una hipótesis que puede tener más o menos contenido, y mayor o menor interés. Pero, ahora bien, de entrada la mayoría de nosotros nos posicionamos con que HAY HECHOS QUE NO CUADRAN Y HAY DATOS QUE SE HAN OCULTADO, y, a partir de ahí, lo que hacemos es denunciarlos. Luego, cada uno tendrá su opinión, pero todos partimos de ahí. Por tanto, la pelota está en vuestro tejado, no en el nuestro. Nosotros no tenemos una “posición fija”, sino que ejercemos una labor de denuncia. Estamos abiertos a cualquier vía, vosotros los fundamentalistas oficiales sois los que os cerráis en banda descartando cualquier posibilidad ajena a vuestra “doctrina made in Ricart”. Los que ponéis trabas para la realización de pruebas periciales, para la apertura de diligencias, para la toma de declaraciones, para una investigación más seria y profesional, etc. Vosotros sois los que os basáis religiosamente en el relato de Miguel Ricart, porque, os guste o no, no hay carga de la prueba. Lo único que hay son lagunas, muchas e inexplicables. Y no, no son fruto de la tendencia de El Rubio a mezclar mentiras con verdades. Aparecen cuando te pasas meses y meses leyendo el sumario, las actas del juicio, los informes forenses, repasas hemerotecas, cotejas datos, buscas otros por tu cuenta y, ¿sabes qué te queda, Joan Maria?. Mucha impotencia. Muchísima.

Un periodista que vivía de una expectativa, imposible de alcanzar. Un periodista al que le cuentan cosas, y le sirven para ir haciendo "amigos". Y que toda su historia periodística la vive en base a lo que puede contar de un mito llamado Anglés. Sí, ya sé que para ti el Asuquiqui no es ningún icono, y que en “tu obra” has querido bajarlo a la altura de ese asfalto en el que creció, pero sigue y seguirá siendo “tu mito” ya que buen provecho has sacado de él a coste cero y además saliendo intacto de los alrededores de la Plaza de la Región. ¿Qué más puedes pedir, eh, Joan Maria?. La vida te sonríe y hasta te han reconocido “la obra” obteniendo una gran crítica. Y ahí sigues. Debe ser agradable ser un estómago agradecido. Un mar de dudas de individuo, que en el fondo es consciente que lo que promulga no es cierto, pero que despeja todas las dudas de su vida y que por eso nunca entenderá el cargo de la factura por las suyas propias, por sus propias dudas, por las que sólo a él lo corresponden, por las que nunca quiere ver y, por eso, nunca responde. Será por eso que Joan Maria es un periodista de segunda.

Hasta otro aniversario.

 

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